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Los derechos digitales

Un muy importante tema cuando se habla del mundo digital, son los derechos que se tienen en este para proteger tanto a usuarios, productores de contenido, empresas de software y hardware, en fin, todos los que habitan este mundo. Tres factores son básicos a entender dentro de estos derechos y son los relacionados con la libre expresión, Derechos de propiedad intelectual, y la privacidad. Dado que estos tres afectan a todos los participantes es importante entenderlos y tenerlos en cuenta.


Referente a los derechos de propiedad intelectual (DPI), definidos como aquellos que se confieren a las personas sobre las creaciones de su mente y que suelen dar al creador derechos exclusivos sobre la utilización de su obra por un plazo determinado”. Son derechos que se dividen en dos areas: el derecho de autor y sus derechos conexos, y los derechos industriales sobre marcas de fábrica o de comercio, e invenciones, dibujos y modelos industriales y secretos comerciales.


Estos derechos en el mundo digital, son conocidos como DRM (Digital Rigths Mangament), también llamado programas anticopia, es un término que se refiere a las tecnologías de control de acceso usadas por productores de libros, música y peliculas y titulares de derechos de autor, para limitar el uso de medios o dispositivos digitales a personas o equipos no autorizadas.


¿Para qué sirve?


Sirve a los creadores de contenidos digitales para controlar cómo y quién accede a sus productos. Al fin de cuentas los libros son también productos que se compran y se venden. Por medio de este sistema el distribuidor se asegura una herramienta de control sobre los contenidos que posee. Si yo me compré, pongamos por ejemplo Los tres mosqueteros para leer en mi Kindle, Amazon verifica cada vez que yo me conecto a la tienda, que lo estoy leyendo en mi Kindle y no en ningún otro lado. Ahora se extendió el servicio y me permitiría leerlo en mi aplicación de Kindle para PC, pero siempre dentro de mi perfil de cliente. Si yo copiara el archivo, se lo pasara a un amigo y este amigo intentara leerlo, simplemente no podría. El distribuidor mediante DRM no legitima el uso de ese archivo en otro dispositivo que no sea el mío.


¿Cuál es el problema?


Los opositores a este sistema encuentran en él una limitación a la libertad de uso de un bien cultural legítimamente adquirido y esto, dicen, se convierte en un obstáculo ético para la explosión del libro electrónico como modo de acceso a la literatura.


Con el libro tradicional cualquiera de nosotros consigue tener una obra en forma ilimitada. También podemos prestarla, venderla o incluso copiarla, si quisieramos citar algún fragmento. El DRM clausura esta posibilidad, los archivos que descargamos están “atados” a un dispositivo electrónico con un número limitado de descargas. Podríamos sospechar que el acceso al libro electrónico que compramos hoy, dentro de 20 años será, al menos, difuso. Muchos de nosotros, en oposición, heredamos las bibliotecas de nuestros padres y abuelos que se mantienen incólumes con el paso del tiempo.
Los opositores, dicen, además, que el DRM pasa por encima de las ya existentes leyes que protegen el derecho de autor, haciendo un uso abusivo de esos derechos.


¿Qué se dice a su favor?

 

Es cierto que la industria editorial tiene que vender libros para sostenerse. La idea de vender uno o dos ejemplares y después facilitar su copia sin ningún tipo de retribución para el autor y para el editor supondría un modelo con una fecha de vencimiento muy próxima. El libro en papel de alguna manera limita la copia indiscriminada porque la replicación supone una pérdida de calidad y una limitación física -hay que transportar al papel de un lado a otro-. Algunos editores, sin embargo, no creen que el DRM sea la respuesta.


Ante la piratería, Ángel María Herrera, fundador y director de la empresa de autoedición Bubok, propone medidas pedagógicas: “Hay que educar a nuestros hijos para que vean que piratear está mal, pero que los editores dediquen tiempo a perseguir páginas piratas en lugar de pensar en contenidos nativos digitales es una pérdida de tiempo”. Según los editores, en 2009 se dejaron de ganar 150 millones de euros por la piratería en este sector. “¿Cuánto de esos se habrían facturado si tuvieran Libranda [plataforma de distribución digital creada recientemente por siete editoriales] el año pasado?”, interpeló el fundador de Bubok.

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